ELECCIONES EN TIEMPO DE PANDEMIA Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza

No hay duda alguna que la Pandemia del Covid-19, popularmente conocido como Coronavirus, ha venido a trastocar todas las interacciones humanas, ya sean estas, familiares, económicas, sociales o políticas y que, los humanos en todo el planeta debemos entender que quizás, este virus, ha llegado para quedarse y para imponernos una nueva normalidad cotidiana que debe hacernos reflexionar en primer lugar, sobre las cosas más importantes en la vida y, en segundo lugar, como debemos cumplir todos y todas los compromisos laborales, familiares, sociales, grupales, los emprendimientos, las responsabilidades legales, políticas y nacionales; la gobernabilidad y la gobernanza requerirán de nuevos enfoques, de cambios en los comportamientos relacionados entre aquellos que ejercen el poder y los ciudadanos.

Bajo esta realidad sucede en Honduras, que nuestra legislación Constitucional, la legislación electoral y los organismos encargados y seleccionados después de la debacle electoral del 2017, deben comenzar a transitar por el tortuoso camino que lleve a la hondureñidad a un nuevo proceso electoral que comienza, o más bien ya comenzó, hace algunos días, con la entrega por parte del nuevo órgano administrativo electoral (CNE), de la información relevante para que los partidos legalmente inscritos procedan a celebrar sus elecciones internas y primarias, evento que deberá desarrollarse en marzo del 2021 posiblemente bajo condiciones excepcionales.

Algunas voces con intereses oscuros, particularmente los vinculados al gobernante ilegítimo que tenemos, han señalado que, las elecciones internas y quizás, hasta las generales, no son prioridad en un país cundido por la pandemia, con miles de infectados y quizás miles de muertos, que los esfuerzos, donaciones, el presupuesto de la República, la institucionalidad, si es que existe todavía una, deben destinarse a solventar la ineptitud gubernamental, a tapar ese charco inmenso de la corrupción oficial donde se drenan 10 mil millones de lempiras al año, donde se ha endeudado a la nación, como nunca antes en nuestra historia, en más de 10 mil millones en tres meses y medio, en donde casi 5 mil millones, de acuerdo a las cifras inexactas oficiales se han invertido en la pandemia, aunque somos el tercer país donde en términos relativos se ha manejado peor la misma, solo detrás de Estados Unidos y Brasil, países que se pueden recuperar con los enormes recursos que manejan a diferencia de Honduras, que se ha convertido para nuestra vergüenza en el mayor mendigo internacional.

Por eso, vemos en los canales noticiosos oficiales y en aquellos subyugados por el poder, el dinero y el chantaje, voces de títeres señalar que es mejor no tener elecciones internas en los partidos, que hay que hacer convenciones donde el dedo sea el factor determinante, pregúntese usted estimado lector, el dedo de quién?, otros buscan en leguleyadas, la oportunidad para conjuntar los intereses de sus propios caudillos con los del gobernante por una simple razón, sus partidos son peculios personales del caudillo y por lo tanto, quieren eliminar de dedo toda disidencia para escoger a quienes les representen y sobre todo, a quienes les borren los delitos de traición a la Patria, más todos los delitos de cuello blanco habidos y por haber con la comparsa comprada de una serie de partidos de maletín donde lo que importa es quien es el dueño de ese maletín, o dicho de otra forma, a quien es que se debe comprar.

Argumentan algunos, que los partidos políticos deben pagar por sus elecciones internas para evitar ese gasto enorme que implica la Democracia, y claro, ese sería el escenario ideal, sin embargo, hay que indicar que quienes utilizan ese argumento han usufructuado el poder por 11 años, el presupuesto del país, las diversas crisis y hasta los fondos de la pandemia para trasladarlos a sus instituciones partidarias y a sus cuentas  particulares con la complicidad de otros, que, en esa guerra falsa entre izquierda y derecha, han sido bien compensados económicamente, en fin, lo que estos traficantes de la política desean es acallar a la oposición, desprovista de fondos, de humildad, de espíritu de cuerpo, de una agenda común y hasta de liderazgo y carisma así como de la inteligencia para estructurar una verdadera oposición científica, técnica, tecnológica, legal y moderna pero que, ante la ausencia de lo anterior, tienen al menos un amor verdadero por el país en el que todos hemos crecido y en el que queremos terminar nuestros días y ver a nuestros hijos e hijas crecer, desarrollarse, luchar y buscar su felicidad, una real honestidad porque no hemos sido cooptados ni por el poder o las canonjías propias del mismo y mucho menos, por el narcotráfico internacional.

Así que, estimado conciudadano cuando le hablen de cuanto cuesta la Democracia, pregunte usted, preguntemos todos, cuánto nos ha costado la falta de ella?, y la respuesta es sencilla, 11 años de destrucción del Estado de Derecho, la instalación en el poder de los carteles internacionales de la droga y del lavado de activos, el endeudamiento de la hondureñidad hasta la quinta generación, el despilfarro obsceno de los presupuestos nacionales en la corruptela creada desde la Presidencia de la República y que, como un cáncer, ha hecho metástasis en todo el cuerpo institucional oficial, en la empresa privada, en los medios de comunicación masiva, en las ong´s creadas para velar por la correcta conducta gubernamental, en las iglesias, en los colegios profesionales y hasta en las universidades.

Por eso cuando veo la teatralidad con la que se maneja el tema toral de elegir a candidatos de elección popular que nos deban representar en el futuro, que es un derecho constitucional de todos los hondureños, que nos permita sacar del poder a estos farsantes que le han hecho tanto daño a Honduras, cuando veo la insípida argumentación de algunos y algunas que quieren justificar el hecho que es mejor no tener internas y quizás hasta las generales disque porque no hay identidad nueva, que sabíamos no iba a haber, o un censo nuevo, que sabíamos que tampoco iba a existir, pero que cuando hablamos de reformas electorales como la segunda vuelta, la conformación de las juntas electorales receptoras, el nombramiento de los personeros de las mismas y otras reformas planteadas con seriedad, patriotismo y responsabilidad, lo que siento es una enorme frustración y molestia porque las dictaduras viven, se llenan, se inflaman y perduran por esas vacilaciones de los que se dicen demócratas.

Lo cierto es que, a pesar de la pandemia y de lo mal manejada que ha sido a propósito, el pueblo quiere un cambio radical y total, ese cambio comienza con las elecciones internas y en ese sentido, mi partido, el Liberal, padre de las elecciones internas no va a claudicar ni un centímetro, cueste lo que cueste, debemos elegir libremente a nuestros representantes futuros, es el único camino y la única oportunidad que los ciudadanos decidan lo que quieren y lo que no aguantan más.

Octavio Pineda Espinoza
(*) Catedrático Universitario. Secretario General del Partido Liberal de Honduras.

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