EL FIN DEL MIEDO. Por abog. Octavio Pineda Espinoza

Fueron muy fuertes las opiniones de figuras importantes de la Televisión Nacional, en particular, de Televicentro, que ha sido considerada una amiga muy cercana al gobernante Juan Hernández, las percepciones, por ejemplo, de uno de sus productores de programas deportivos con quien compartimos el apellido, sin ser familia; a mí, particularmente desde hace algún tiempo me gustan las opiniones y la visión de Rely, con sus historias humanas, que es, en mi parecer, lo que le ha faltado siempre a los que gobiernan, esa visión humana que nos hace cercanos, que nos crea empatía, que nos demuestra que todavía tenemos un corazón que vibra ante las tristes verdades nacionales.

El diccionario de la Real Academia de La Lengua Española,  la nuestra, define el miedo como: Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que uno tiene de que le suceda una cosa contraria a lo que desea. Grande o excesivo. El que, imponiéndose  a la voluntad de uno, con amenaza de un mal igual o mayor, le impulsa a ejecutar un delito; es circunstancia eximente de responsabilidad criminal, esto lo entienden bien, nuestros distinguidos colegas que viven del Derecho Penal. Expresión con la que se reprende al que teme mucho castigo y comete sin recelo el delito que lo merece.

Entiendo el miedo del pueblo hondureño, expresado con maestría por el periodista de ese canal que protege a Juan Hernández, significa que se empiezan a abrir los espacios para que, la verdad, que nunca tiene miedo, triunfe, quizás por alguna vez en nuestra triste historia. Pero personalmente y entendiendo el miedo de los hondureños por la situación pandémica en la que vivimos día a día por la falta de los elementos más indispensables para atacar esta pandemia, en un país que ha gastado más de 902 millones de dólares sobre los cuerpos y la sangre de los hondureños para darle gusto, a un aspirante a dictador que ni valor tiene para soportar las presiones de sus múltiples fracasos, abandonado por todos aquellos que le ofrecieron lealtad falsamente y que, una vez, como le pasa a Bográn, fuera del poder, son simplemente, peones en el ajedrez de la política de los narcotraficantes, rodeado de traidores como es él mismo, entendiendo que el círculo se cierra rápidamente y que el destino es la cárcel, la tumba, o en sus concilios políticos con Don Ebal Díaz, otro producto de la corrupción, quizás un paraíso dorado en Israel, lo que, por cierto, ha pagado muy bien.

Mi propuesta es que, no debemos tener miedo, el pueblo hondureño ha sido sometido a los embates de la inestabilidad política desde hace mucho tiempo, de lo contrario, no tendríamos 16 constituciones históricas, 3 de la República Federal de Centroamérica, y 13 gracias a la habilidad o más a la poca habilidad de nuestros políticos históricos; incluso hoy pocos saben que la primera constitución Federal de 1824 incluía el juicio por jurado, la cámara alta (Senado) y la cámara baja( Congreso) que vivieron por un año, hasta que, un grupo de buenos hondureños crearon en Cedros, la ciudad histórica, la primera Constitución de la República de Honduras. Hay otros que no saben, que, con sus virtudes y defectos, la Constitución de 1982 es la Constitución que más vida republicana ha tenido, a pesar de las reformas normales y del apócrifo fallo que tristes seguidores, empleados y leguleyos de Juan Hernández hicieron en la tristemente célebre Sala de lo Constitucional.

Entonces, mi tesis, es que, no es el pueblo el que debe tener miedo, porque el pueblo no es culpable de las decisiones de sus disque dirigentes, miedo debe tener Juan Hernández, mencionado en los Tribunales del condado Sur de la ciudad de Nueva York como cómplice de narcotraficantes y lavadores de dólares, miedo deben tener su esposa y sus hijos, que por el resto de sus vidas deberán voltear a ver si el guardaespaldas de turno no los vende o los entrega, miedo deben tener sus funcionarios, los que se prestaron a lavar dólares y a ser prestanombres, testaferros de la peor calaña, en un país rico pero saqueado por una organización criminal llamada Partido Nacional, miedo deberían tener todos los miembros del Cómite Central del Partido Nacional, porque todos son famosos en Nueva York y Miami, esos son los que deben tener miedo, el pueblo no, ha sido digno, aguantador, demasiado permisivo y ahora, finalmente, el pueblo ve, lo que significa el poder sin legitimidad, miedo deben tener todos esos comandantes de mentira de las Fuerzas Armadas, que destruyeron en pocos años el legado que otros, más responsables, construyeron desde 1982, miedo, deben tener los corruptos, los pedófilos, los que construyeron ese Código Penal falso, apócrifo y benevolente con la corrupción, miedo deben tener quienes saben que mañana o pasado mañana el juicio de la historia y de las cortes, ya sean las de aquí o las de los gringos que no tienen amigos permanentes serán severas.

Claro que hay miedo en el conglomerado hondureño, porque todos, los ciudadanos, los políticos, los empresarios, los empleados y en particular, los hondureños, sabemos que, en la realidad de esta pandemia estamos solos y que, el aspirante a dictador solo vela por sus propios intereses y que, al final, quien de verdad debería tener miedo es él, porque no hay injuria que dure 100 años ni cuerpo que lo soporte. Perdamos el miedo, que tengan miedo los corruptos por primera vez en nuestra historia!

(*) Abogado y Notario. Catedrático Universitario de la UNAH. Secretario General del Partido Liberal de Honduras.

2 comentarios en “EL FIN DEL MIEDO. Por abog. Octavio Pineda Espinoza

  • el 9 de julio de 2020 a las 11:55 AM
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    Excelente artículo Abogado, un llamado a la reflexión y a mantenernos firmes para superar esta crisis en que nos tienen, Saludos

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  • el 9 de julio de 2020 a las 4:27 PM
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    Excelente, Octavio, comparto totalmente tu exposición y me alegro igualmente de que sigas los pasos de tu Padre. Un abrazo

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