Corrupción, Clientelismo y Nepotismo. Por Joaquín Irías.

En palabras simples un funcionario público es una persona que desempeña un empleo público, se trata de un trabajador que cumple funciones en un organismo del estado; es en ese sentido, que dichos funcionarios vienen a ser empleados del pueblo, teniendo por objetivo el velar por el correcto funcionamiento de manera eficiente y eficaz del aparato estatal en pos del bienestar general, cumpliendo así la finalidad de servir, planificar, gestionar y ejecutar desde las más complejas políticas públicas, hasta ser comprometidos en el trato particular más simple.

Tomando de referencia a Aristóteles este cita: “Nosotros los seres humanos somos animales políticos por excelencia”. Es nuestro deber como buenos ciudadanos y pueblo, estar pendientes de la política en nuestro país y no alegar ignorancia de ese entorno que influencia en gran medida nuestras vidas, desde aquel con estatus social elevado, hasta la familia más humilde en el interior de nuestro país. A todos nos compete el saber del acontecer político, cuando me refiero a la política, no me refiero al espectáculo de circo prostituido que montan algunos actores de nuestro país, que han tomado y tergiversado tan noble ciencia que supone como objetivo, buscar el beneficio de las mayorías; sin embargo, en nuestro medio, el actuar es la prostitución de la política a tal punto que esta funciona con Corrupción, Clientelismo y Nepotismo, afectándonos a todos nosotros y beneficiando a un grupo minúsculo en el poder. Es aquí donde le pregunto a usted querido lector si va seguir diciendo “La política no me interesa, no me da de comer.”

Si ponemos de relieve la corrupción, argüimos que este mal ha atravesado umbrales más allá de lo que nosotros nos podamos imaginar y entender, que desde siempre ha infligido un flagelo a nuestra sociedad. Por poner ejemplos, tenemos el caso del IHSS y la más reciente “Compra” de hospitales móviles, nuestra historia ha sido bien corrupta en la praxis del poder. La corrupción puede ser más destructiva que cualquier guerra o pandemia, ya que implica un dolo de parte del empleado público, acarreando vulneraciones sistemáticas en contra de la sociedad en general que idealmente debería de verse beneficiada al momento de ejecutar políticas públicas de la manera más proba. Esto nos ha venido a anclar a la cultura de la corrupción, dejándonos en un subdesarrollo crónico, quitando así oportunidades y competencias a los que verdaderamente las necesitan para desarrollar su potencial humano.

Remontándonos al libro “Golpe de Estado: Partidos Políticos, Instituciones y Cultura Política en Honduras” del autor Víctor Meza, podemos distinguir la figura del Clientelismo Político que a palabras cortas y sencillas es coadyuvar de manera activa en proselitismo político a través de dirigentes y activistas de instituciones partidarias, pidiendo el voto a cambio de una posición dentro del Estado, siendo así que la función que va a ejercer a futuro el “funcionario público”, ya viene viciada, empezando por la voluntad que ha sido trastocada de esta persona a ofrecerse a esa práctica, dejando por fuera gente que en realidad es competente y apta.

Del Nepotismo podemos decir que es un insulto a la capacidad e inteligencia del pueblo hondureño. Debemos de tomar en cuenta también que la ley general de la administración pública, prohíbe tajantemente el nepotismo dentro de las instituciones del estado. Teniendo tanto potencial dentro de nuestra sociedad, en donde existen mentes brillantes que podrían desempeñar sin problema alguno la función pública y sentir esa sensación hermosa de  servir, ayudado al bien común, es un crimen verdadero que los espacios públicos de mayor relevancia, son ocupados por personas cuya único mérito es la relación familiar con el poder.

De nada sirve tener esta problemática bien definida y detallada si no buscamos soluciones para erradicar esta cultura corrupta. Dentro de las instituciones partidarias, a pesar de tener historiales de poca credibilidad en su actuación hacia la población hondureña, existen personas sinceras, capace, que aman la nación.

¿En realidad estamos condenados a este ciclo vicioso de cultura corrupta dentro del hondureñidad? Déjeme decirle que no. En nuestra voluntad es donde radica que como sociedad podemos alterar nuestra realidad para que futuras generaciones puedan vivir dignamente en nuestra patria. Debemos como sociedad ser más conscientes, participar activamente en la vida política y demandar el cambio que tanto anhelamos organizándonos en movimientos sociales. 

En estos días se ha visto la podredumbre que habita en el alma de NUESTROS EMPLEADOS, que están dejando el pueblo Hondureño a su merced, afrontando por nosotros mismos la pandemia. Los cambios se deben realizar más temprano que tarde, estamos alcanzando el punto sin retorno, que daría el cumplimiento a las palabras de Mark Zuckerberg y Noah Harari de la extinción de Honduras al 2050 .

Pueblo hondureño,  en tus manos se encuentra tu futuro y el de nuestras próximas generaciones.

Joaquín Irias

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