CLAUSURA INTELIGENTE: POR MOISÉS DE JESÚS ULLOA MEJÍA.

Quienes actualmente nos gobiernan, no les basta con ser ineficientes, son criminales. Sus delitos son múltiples, quizás alcanzando al número de mentiras que le han dicho al pueblo que han sumido en la pobreza. Traición a la patria, asesinato, tráfico de drogas pueden encabezar las gemas de su corona, en donde el robo sistemático a los tesoros nacionales ya parece ser una práctica común, no digna del estatus de mafiosos que se jactan en portar.

Sin embargo, con el tiempo, sus fechorías han sido abiertamente descubiertas y hoy se encuentra ante un pueblo que se ha hartado de poner el lomo. A este grupo delincuencial en el poder no les queda más que sostenerse del poder mismo a toda costa; caso contrario, a las horas siguientes de haberse despojado del manto que le produce la inmunidad de una banda presidencial manchada con sufrimiento y con sangre, el dictador encontraría su camino a afrontar la justicia en un requerimiento fiscal que tiene años de estarse cuidadosamente conjugando en otras tierras.

Lamentamos que el requerimiento no se origine en la valentía de una justicia local, resulta claro que para ser funcionario en este ilegítimo gobierno, en cualquiera de sus poderes del estado (salvo pequeñas pero honrosas excepciones), se necesita ser lobos de una misma loma. Parte del currículum para optar a esa “distinción”, es saber aprovecharse del poder para el beneficio de unos cuantos, ser un simple servil y carecer del coraje para tomar las decisiones justas y valientes. En más fácil vivir rico, acomodado, al fin y al cabo, el prestigio en estas tierras no es cosa de principios, sino del tamaño de los ceros en las cuentas bancarias. Así construyeron una corte suprema a su medida, así un congreso que es en su mayoría una sucursal de la corrupción, así un código penal de la impunidad, así una fuerzas armadas pusilánime, así un fiscal sin estrellas.

Honduras no puede permitir que esta banda de forajidos continúen escudándose en el poder absoluto que han comprado con la chequera del pueblo. Tenemos que proceder a realizar una clausura inteligente de la narcodictadura. Este proceso lo debemos de ejecutar de manera inmediata, no hay tiempo para mañana.

Los liderazgos políticos mal llamados de oposición (pues en poco o nada los hemos visto realmente oponerse de manera efectiva y contundente), deben ya olvidarse de ese calificativo desgastado y convertirse en liderazgos del pueblo. No hay confusión, quién está con el pueblo NO puede estar negociando cuotas de poder con usurpadores, quien está con el pueblo no puede pretender elecciones si el nombre Juan Hernández, se encuentra entre los candidatos; quien está con el pueblo no puede pretender una constituyente Juan Orlandista que borre sus pecados y le garantice una vida plena de goce de lo robado tanto a él como sus secuaces. Los líderes que aman al pueblo y la patria, únicamente tienen un sentido de vida y es liberarla del yugo de esta dictadura; logrando esa realidad imperativa, podemos proceder a cambiar el sistema esclavista y construir la patria que anhelamos. En ese mismo orden de ideas, los liderazgos del pueblo están para servir sin  egoísmo, sin protagonismo, sin creer él o ella ser el ungido…el liderazgo del pueblo comprende que lo que la patria requiere hoy, es del conjunto de muchos en un esfuerzo único: ¿Quién gobierna nuestro cuerpo, es acaso el corazón, el cerebro, el hígado, los pulmones? ¿No es acaso nuestro cuerpo un sistema en perfecta sinfonía? Hoy el verdadero líder es aquel que conquista, no impone, es aquel que se vuelve servidor y no rey.

Como demócratas, deseamos de corazón que esta liberación se produzca en el ambiente sublime del respeto al voto; sin embargo, de no poder realizar ese derecho sagrado de manera justa y transparente, en tal forma que la voluntad soberana sea genuinamente respetada, tendremos que actuar entonces como patriotas y proceder a defender la república y nuestro futuro inmediato a cualquier costo, incluso el de nuestras propias vidas. Honduras no es tierra de cobardes…un pueblo unido por la desigualdad, el hambre, el abuso, la enfermedad y la ignorancia aplicada adrede, es invencible. Un pueblo decidido a forjar su propio destino es la fuerza más poderosa en donde nada ni nadie, en esta tierra, pueden limitar su derrotero.

La clausura inteligente de este régimen es una muerte impostergable, si tomamos valor, nos despojamos del interés individual y hacemos lo correcto.

Pocas veces he encontrado sentido en letras tan bellamente plasmadas como la del abogado, historiador, escritor y para mi honra, mi amigo, don Emilio Fonseca, como las que atesoro en su poema “En el Fondo”, acá les dejo su mensaje:

Quisiera sentir el dolor

de mi tierra cuando pare.

Limpiar con mis manos mimadas,

sus campos sangrantes;

manchar con sudor bien ganado

su vientre de madre,

y ser algo más hondureño

y menos cobarde.

Quisiera vestir con pinares

sus playas de indias;

sacar de su boca bendita

un millón de Guayapes;

que llene su savia divina

mis ansias de darle,

y ser algo más hondureño

Moisés de Jesús Ulloa Mejía

y menos cobarde.

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