La Sexta Por Rosibel Pacheco

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Desde niña oía decir “Honduras está en crisis”, “Honduras es pobre”, “Los hondureños son haraganes” y otra serie de discursos que de repente ya estaban muy arraigados en el subconsciente colectivo. Con el tiempo miraba como grupos migrantes acaparaban las actividades comerciales y como la clase empresarial nacional tenía poca presencia. Observaba injusticias con los trabajadores en las bananeras y soñaba con un cambio. 

En mis años de educación secundaria tuve varias oportunidades para representar a mi colegio y a mi país, en competencias académicas. Cada vez que entonábamos el Himno Nacional mis ojos luchaban por no derramar lágrimas. Pedía a mi padre que me explicase esa mi reacción y él me decía: “es tu amor por Honduras”. Pero era algo más, era amor con dolor. ¿Por qué yo tenía una casa y otros niños no?¿ Por qué a mí me llevaban a comer al Duncan Mayan y veía en el camino ancianos con su piel tostada bajo el sol y el estómago vacío como lo estaban muchas conciencias?

Recuerdo cuando en 1971 nos invitaron a participar en un concurso televisado y de prestigio en un país sudamericano. Éramos cinco jóvenes de colegio e íbamos a enfrentarnos a cinco jóvenes de ese país. El tema a debatir era un libro escrito por el embajador de ese país en Honduras. Intentaron muchas veces burlarse de mi Honduras  y contestábamos con conocimiento, el colmo fue cuando se burlaron al vernos bailar “El Sueñito” danza hondureña de origen criollo; en cambio nosotras respetamos su danza con fuerte influencia europea.

Ganamos el concurso y se celebró en grande, llegaron estudiantes hondureños que estudiaban en ese país y festejamos. Esa vez entoné el Himno Nacional con amor y sin dolor.

Deseo analizar dos estrofas de nuestro himno con mente inquisitiva. Quiero que no se me escape detalle.

Cuando leo la estrofa séptima: 

Por guardar ese emblema divino

Marcharemos Oh patria a la muerte

Generosa será nuestra suerte

Si morimos pensando en tu amor

.

Serán muchos Honduras tus muertos,

Pero todos caerán con honor

Pienso: son muchos los muertos, en el pasado y en el presente, esto debe parar. Hay muchas maneras de morir. Respiramos la cultura de la muerte. La sangre absorbida por nuestro suelo clama al cielo por justicia.

Sin embargo, cuando leo la sexta estrofa:

Tú también Oh mi patria te alzaste

De tu sueño servil y profundo

Tú también enseñaste al mundo

Destrozando el infame eslabón

Y en tu suelo bendito, tras el alta 

cabellera de monte salvaje 

como un ave de negro plumaje 

la colonia fugaz se perdió

Hay letras que son válidas en cualquier tiempo. Honduras has despertado de una pesadilla, no doblarás rodilla ante nadie. Las cadenas serán para otros y jamás se podrán romper. 

En Imperio Español ya se fue. Conjuguemos en presente, la colonia que nos tortura ha pretendido arrebatarnos la dignidad, nos ha dado de comer angustia y desasosiego, hemos tenido que soportar su circo, sus payasos decrépitos y su piratería y filibusterismo.

Pronto emprenderán su decadente huida, su fugaz y rapaz presencia se perderá en el horizonte. No habrá tierra digna que les permita cesar su vuelo.

La Sexta Estrofa me haría cantar el Himno con amor y con infinita dignidad.

Bendita la Tierra en que nací

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