BASTA A LA ACTITUD NACIONAL DE MENDICIDAD. Por Elan Reyes Pineda

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Ahora que nos encontramos en una sociedad dividida, irreconciliable, sin respeto por la persona humana, mercantilizada; deshonrada, en pobreza económica, moral y espiritual ha llegado la hora de pensar en los que viven en la pobreza, humillados y sin esperanzas; ya no es la hora de predicar, es la hora de actuar, los buenos deben salir a la palestra porque no se vale que se escondan por miedo o comodidad. Las estructuras organizadas poseedores de credibilidad en sectores de la población como la Iglesia católica, evangélica, empresarios honestos, campesinos obreros, colegios profesionales deben de levantar su voz y actuar pronto antes que se produzca un quiebre difícil de resolver.

Sigamos el ejemplo de otras sociedades que han dicho: basta,  a los inescrupulosos, basta a los políticos que solo piensan en ellos, basta a las iglesias contemplativas, basta a los delincuentes, basta a la corrupción pública, basta a la toma de decisiones de grupos de poder, basta al abandono de los pobres, basta al maltrato de la mujer, basta de la destrucción familiar, basta a la paternidad irresponsable y un gran basta a la actitud nacional de mendicidad, que busca en otros pueblos  a personas  que resuelvan nuestros problemas

La sociedad que es incapaz de resolver sus diferencias no tiene derecho a llamarse nación y mucho menos Estado. La peor amenaza de la democracia es el miedo; el miedo a morir pronto, el miedo a no ver el futuro digno de los jóvenes, miedo a no llegar a tiempo, sin haber cumplido la metas que nos hemos propuesto.

¿qué tendrán o qué habrán hecho otras sociedades que viven en paz y concordia?, no es posible que su esencia humana sea distinta de la nuestra, porque en todos lados hay ambiciosos, ladrones, corruptos, déspotas e inescrupulosos. Lo único que necesita una sociedad para vivir en paz, es cumplir y hacer cumplir el pacto social, que una vez todos construimos con verdaderos representantes de la sociedad, para que nadie  fuese más que otro ante la Ley.

Los que creemos en Dios, sabemos que no basta con orar si nuestras acciones dicen lo contrario. Renunciemos a reinventar a Honduras cada cuatro años, no podemos continuar regidos por posiciones mesiánicas, creyendo que el pasado no tiene ningún fundamento y que la sociedad carece de esencia.

 Establezcamos como metas, la felicidad del pueblo, desterremos el mercantilismo y el individualismo, permitamos que crezca la solidaridad. Transitemos en el camino de la justicia equitativa, evitemos convertirla en venganza; cada corrupto, cada déspota, cada tirano, cada prisionero debe de constituirse en un reto social para que  un día no muy lejano las cárceles sean la excepción y no la norma. Que nadie viva sin empleo, sin hogar, sin recursos, sintiéndose paria de la sociedad, despreciados, sin posibilidades de reiniciar una vida sana y productiva.