Un actor cómico en decadencia. Por Mario Daniel Álvarez Carías.

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El exembajador Larry Palmer siempre destacaba en sus cables, disponibles en el portal WikiLeaks, el magnífico uso que hacía el entonces Presidente del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) Oscar Andrés Rodríguez del bully pulpitpara implementar campañas, su influencia era tan eficaz que ya contaba con el apoyo del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Organización de las Naciones Unidas, así como acuerdos bilaterales con donantes como USAID. Además del respaldo nacionalista del gobierno de Ricardo Maduro. Palmer parecía siempre declararse un admirador, mas por el veneno político del Cardenal Rodríguez, que por su espesura religiosa, describiéndolo como un mediador experto, hombre de consensos y sobre todo como alguien cuyo intelecto le permitía comunicar sus ideas a grupos dispares.

Diletante, esnob, salesiano y politiquero, como sigue siéndolo hasta ahora, el Cardenal Rodríguez gozaba todavía de credibilidad y confianza, pero el CNA apenas aguantó sus años, rumiando una gestión al frente de una institución que siempre ha sido esquiva a la premisa por la cual fue creada, la lucha contra la corrupción.  Sin desmayar o tirar la toalla los religiosos continuaron maliciando una institución que habían controlado mediante un Cardenal y luego por un Pastor, Oswaldo Canales. Antes de la elección en 2011 de Dulce Zavala, la Iglesia Católica y la Confraternidad Evangélica anunciaban su retiro, que no era otra cosa que la amenaza apocalíptica que si dicha institución no estaba totalmente controlada por ellos, la cosa perdía el rumbo. Con el escrutinio incesante de los pasquines de circulación nacional, barómetros de universidades, la gestión de la señora Zavala terminó salpicada por escándalos de abusos y hasta de acoso sexual. La profecía se había cumplido.

Para rescatar un actor cómico en decadencia como el CNA, había que procurar retoques cosméticos, como llevar a un segundo plano la coordinación del mismo, y explotar de forma mediática la dirección ejecutiva. Así llegó Gabriela Castellanos, con la bendición del Cardenal Rodríguez como bandera,busca desde 2014 la mediatización para elevar su perfil político. ¿Pero los poderes fácticos estaban preparados? La verdad creo que no, ni los oráculos griegos o de cortés, tampoco los sacerdotes, pastores o querubines, pudieron predecir que alguien gozaría tanto del desafuero libérrimo de vivir en el imaginario del pueblo hondureño a diario, a través de los medios y, cultivando un derroche de vanidad tan gigantesco como la seguridad que la protege; un nuevo glosario se inoculaba en la opinión pública, en discursos grandilocuentes que se convierten en la delicatesen de las salas de redacción perezosas, familiarizándonos con términos que la señora Castellanos repite hasta el cansancio.

Gracias a los buenos oficios de la prensa come baleadas, la que no cuestiona nada, la que se maravilla con frases “novedosas”, a la población hondureña nos faltaba ver un showmás en 2018 para catapultar la figura de Gabriela Castellanos, esta vez disfrazada de capitana o presidenta de una distopíavirtual creada a su medida. Y es que una producción audiovisual como la de Tecnópolis –albergado en el CMH– hace que cualquier medio de televisión en Honduras se sonroje, entre pantallas gigantes, animaciones, backwall, láser, luces neón y la imagen de su directora ocupando cada espacio, hacía olvidar que dicha institución existe para enarbolar la bandera anticorrupción en un país pobre, miserable. Tuvo que pasar casi un año para que un evento fuera comparable con el montado por el CNA, hasta marzo 2019 tuvimos el “honor”  de ver una sala virtual similar en el MIN, que según su directora supera los once millones de Lempiras en “inversión”.

A pesar de nuestros llantos y plegarias, el CNA insidiosamente vuelve a colgarse de otro tema, para seguir vigente, para alabar sin reservas a su directora, para seguir sobreviviendo. Esta vez le toca el turno al Código Penal, uno que seguramente tiene vicios propios de sus creadores, los cachurecos, uno que reduce penas para violadores de mujeres, pero que también agrega el feminicidio que no sirve para nada como figura legal, pero logra apaciguar a nuevas fuerzas, como “las odiadoras del hombre.” Un Código Penal que suaviza penas para narcos y corruptos, que censura y busca reprimir, pero que también es cierto está disponible hace al menos dos años, tiempo donde ninguno de estos abogados pipones que hoy saturan los medios hicieron un análisis al menos.

A quiénes se suman a esa iniciativa de luchar contra el nuevo Código Penal a favor del pueblo, un respeto absoluto. Solo déjennos discrepar de sus aliados, los empresarios del norte que mágicamente fingen empatía y preocupación por el pueblo, mientras el CMH parece descuidar su lucha desde la plataforma de Salud y Educación, y sucumbir a la agenda del CNA. Esta última que es una institución que cuestiona el derroche de los políticos, pero que tampoco practica la austeridad, que es “marketinera”, como también lo es el narco gobierno, y de la que públicamente no escuchamos nunca un cuestionamiento hacia la apandillada empresa privada, que no está ni cerca de ser impoluta.