Honduras está de luto. Por José Carlo Vallecillo Lizardo.

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Se mueren los pacientes por dengue, mueren los jóvenes que no encontraron oportunidades y se quedaron en estadísticas de homicidios, mueren los que emigran buscando un futuro mejor lejos de su patria, mueren todos los días en los hospitales públicos personas por la precariedad del sistema olvidado de salud pública, muere la inversión social por un mal endémico que se llama corrupción, muere en el sueño de los justos la esperanza de desterrar la impunidad y lo más triste es que cada día se muere la fuerza en los hondureños de luchar por un país mejor. No se si es por falta de esperanza o por falta de coraje, lo que sí estoy seguro, es que mientras no nos decidimos a luchar por nuestro país, cada día aumenta las estadísticas negativas a la que este desgobierno nos ha llevado.

No culpo a los que se han ido, pero si increpó a los que seguimos aquí. A los que hemos marchado. A los que le hemos tenido miedo a la tarea titánica de tomar el poder que nos corresponde, el poder popular. Ese poder que los déspotas nunca podrán controlar, el mismo que hemos demostrado en las calles desde hace diez años en infinidad de ocasiones.

 ¿Por qué nos hemos rendido en cada lucha? ¿Será por la falta de estrategia de quienes nos dirigen, por qué los líderes no tienen la valentía necesaria para enfrentarse al servilismo y al contrincante? No, aunque lo que he enumerado puede que sea cierto, la realidad es que no importan los errores de los líderes. Cuando un pueblo se decide a revolucionar su destino no importa entuertos o fallas, el pueblo debe continuar luchando hasta lograr su victoria.

Los motivos para luchar ahí están vigentes, cada día surgen más. Lo que falta es la conducción, es gallardía, estrategia y sobre todo fuerza. Ningún régimen ha caído por tomarse un día las calles. Las avenidas se abrirán paso al gran movimiento popular hondureño cuando este así lo deseé. Los liderazgos sobran lo único que falta es la decisión irrestricta de un pueblo para ser liberado.

La resistencia civil pacífica es la ruta para desnudar la dictadura. Han habido dos momentos claves en el desarrollo de las luchas contra JOH en las que el pueblo pudo haberlo sacado y no se logró por la falta de compromiso del pueblo con la lucha. El compromiso del pueblo debe ser con la lucha no con los individuos. El pueblo es el conductor de su destino, nadie más ni nadie menos.

Honduras está de luto desde hace muchos años. Pero desde los inicios de la vida independiente del país han creado a la sociedad hondureña (asalariados y pobres) para ser parte de un engranaje, en una dictadura perfecta, esa dictadura tácita que puede ser descrita como la oligarquía hondureña. Si, la misma que por un período corto creyó estar amenazada por JOH. Recuerdo los titulares de los medios cuando se dio el golpe técnico a la CSJ. Al final JOH con sus dotes tiránico les hizo ver que eran dos males de una misma cabeza.

Son dos bestias que se necesitan juntos para sobrevivir. Lo horrendo de la historia es que la víctima es el pobre pueblo hondureño. Son los males que se resignan a morir, se resignan en las armas, desde las mediáticas hasta las de alto calibre, los mismo que se ríen cada vez que ven a la oposición atacándose unos con otros. La oligarquía y JOH se resignan, se cubren, pero no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo sostenga.

Honduras está de luto porque un sistema oligárquico y una dictadura se alimentan todos los días de él para saciar su sed de dinero, su sed de poder. Las bestias seguirán conviviendo, seguirán montando tetras y así circo seguirá hasta que la víctima se dé cuenta que es un gigante dormido, hasta que se deshaga de su temor, de su ingenuidad y aprende a elegir los constructores de su destino. En ese momento la sangre se dejara de derramar, el sol se pondrá en el cielo, el luto se irá y un mejor futuro será visible. Pero hasta que eso suceda el país se sigue desangrando, la juventud sigue perdiendo la esperanza, las madres siguen llorando y la fe deja de ser tan fuerte. Honduras, algún día todo cambiará, es hora de creer en nosotros. ¡Si se puede!