La Piñata. Editorial lunes 15 de julio 2019.

0
602

Interesante efecto causó la forma de protesta de la movilización de las antorchas el viernes recién pasado. El grupo de los indignados, acompañados junto a otros movimiento ciudadanos, hicieron su recorrido por el bulevar Morazán con antorchas y pancartas en mano, caminando y gritando las consignas en pro de la educación, salud, la justicia, anticorrupción, anti impunidad y en contra de la dictadura, dirigiéndose al lugar en donde se está realizando la construcción de la nueva sede de la Embajada de los EEUU en Honduras. Esto marca la primera vez, que un grupo de protesta pacífica ciudadana, llega a este punto, sentando así un precedente.

Las razones de ir a ese destino lo determinó la despedida para quien hasta ese día fue la encargada de negocios Heide B. Fulton y el arribo de su reemplazo Lawrance J. Gumbiner, piezas responsables de establecer las estrategias y de proteger los intereses de Los Estados Unidos de Norteamérica en este país. El mensaje fundamental a oídos de la nueva cara del imperio en nuestras tierras, es indicarle que Honduras es un país aliado, amigo de los EEUU, pero que es un país donde el soberano es el pueblo de Honduras y cuyas decisiones que surjan del anhelo genuino del  pueblo, deben ser respetadas. Honduras no debe vivir de rodillas ante nadie, debemos encaminar, hacer desarrollo y progreso, basados en el respeto mutuo, no en actitudes serviles o en la entrega de nuestras propias iniciativas a cambio de bajar nuestras cabezas ante la imposición abierta del interés de los EEUU en nuestra propia casa. Nunca más debemos como pueblo permitir que un funcionario extranjero, independientemente del país que este represente, valide un fraude electoral, ponga, quite y sostenga de manera antojadiza a un usurpador en la presidencia de la República, únicamente porque así le convenga a sus intereses. La voluntad del pueblo merece respeto, pero ese respeto se debe hacer sentir y valer ante propios y extraños.

Al final del recorrido de la movilización que acompañan patrioticamente cada viernes los ciudadanos en las antorchas, se procedió a colgar una piñata de un pichingo representando al capitán américa, creación ficticia de las mentes de pasquines de Marvel Comics, con la cara de la Teniente Coronel originaria de Búfalo New York. Es interesante que en el pecho de la piñana del traje del “primer vengador”, lleva una estrella solitaria… a veces no hay casualidades, pues durante su administración, la señora Fulton sistemáticamente mantuvo una estrella solitaria en su pensamiento, convirtiéndose en aliada de JH pero no del pueblo que le abrió su casa. Y así, en la forma tan tradicional en que se celebran diferentes fiestas en nuestro medio, la piñata se quebró, deseándole a la señora Fulton un hasta nunca y recordando el legado que ella junto a los intereses de sus jefes, tienen a un narco dictador sentado en la silla presidencial de nuestra patria.

El acto de la piñata levantó roncha con algunos “moralistas” que acostumbran a rasgarse sus ropas y tirar el grito al cielo por un acto de protesta pacífico. Quizás estos moralistas nunca asistieron de pequeños a una piñata o jamás vieron a un  monigote ser quemado en año nuevo. Algunos indicaron, válidamente, que debemos abandonar ese pensamiento que serán los EEUU los que nos arreglen nuestros problemas; sin embargo agregamos que en ese mismo orden de ideas, tampoco le compete a ese país (ni a ningún otro), establecer su propia agenda en nuestra tierra, violentando la voluntad genuina de Honduras y sin importarles el costo y el daño causado.

Mientras la piñata de la señora Fulton pendulaba por los aires frente a la construcción de la embajada, cuya primera piedra fue colocada por ella y su narco dictador, otra caravana de compatriotas huía de la pesadilla que este gobierno nos ha creado por su corrupción e inmoralidad; en otro rincón del país, un grupo de niños inocentes, sufrían las consecuencias de su salud física y mental, producto de la gaseada despiadada por las fuerzas del orden y la seguridad al mando del ilegítimo, quien cada segundo se vuelve más sanguinario, más violento, más salvaje, evidenciando su irracionalidad ante la inevitable pérdida del control absoluto del poder, causada por el despertar y la furia del pueblo en las calles.

Ese es el legado de la Fulton, una piñata que no dejó confites, sino que luto, represión y crisis, todo por avalar un gobierno espurio y un clan delincuencial en el poder de nuestro país. Esperamos que la voz de la Honduras indignada, llegue a los oídos de su reemplazo y que entiendan que el tiempo de su impuesto dictador ya está en la agenda del pueblo en cuenta regresiva. Bienvenido entonces Chargé Lawrence J. Gumbiner a esta patria noble y amiga de su pueblo, somos personas llenas de sueños, con la decisión firme de hacerlos realidad. Esta patria bella y su gente, merecemos lo mejor de la oportunidad de construir una Honduras digna, acompáñenos en esa construcción. Encontrará en nosotros un pueblo bueno y agradecido, pero nunca un pueblo esclavo, ni servil; para ese rol ustedes tienen ya,  a su lacayo dictador.