¿Es de tontos ser honrado? Como lo leyó Moisés Ulloa.

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“Cuando una sociedad atemorizada como la hondureña busca las causas de una violencia y del comportamiento criminal, cruel y sin misericordia, como la que hoy abate sobre todos, debe escudriñar introspectivamente sobre su conciencia.

¿Qué es la conciencia?

Dice el diccionario de la lengua española, breviario de una de las formas de expresión más ricas del género humano, que conciencia es “la propiedad del espíritu del hombre de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta”. Conciencia es también, “conocimiento interior del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar”.

En el tribunal de conciencia, que todo ser humano lleva dentro de sí, se producen, con más frecuencia de lo deseado, juicios erróneos cuando, por ignorancia, juzgamos lo verdadero por falso, teniendo lo bueno por malo o lo malo por bueno.

Es aquí en donde se produce la tremenda confusión de que adolece la sociedad hondureña, si no en su totalidad, en una buena parte de ella que está diseminada en todos sus estratos, ricos, pobres, cultos o iletrados.

Hay, entre nosotros, una grave alteración de los valores éticos, los que se refieren a la moral y a las obligaciones que nos corresponden como miembros de una sociedad, a la cual exigimos respeto por nuestros derechos pero olvidamos los deberes que tenemos para con esa misma sociedad. Todos hablamos de los derechos humanos, pero evitamos referirnos a los deberes humanos, ignorando deliberadamente que a cada derecho corresponde una obligación.

Así es como en Honduras, es mejor hablar de nosotros mismos y dejar que los demás hagan lo propio, hemos tergiversado, trastocado, confundido los valores éticos de que hablamos y lo malo, si nos permite obtener lo que deseamos, es bueno.

Es por ello que, entre nosotros, el hombre honrado pero pobre es un pelagatos y el rufián pero rico, un señor.

Como al escribir me duelen mis propias palabras y no puedo ni debo erigirme en juez de otros, siendo, como soy un pecador, acudo a la Biblia que es Palabra de Dios, para ver, ya que puedo ver y para oir, ya que puedo oír:

Lucha hasta la muerte por la verdad, y el Señor luchará por tí.

No seas atrevido al hablar y luego perezoso y descuidado en tus obras. No seas león en tu casa, aterrando a tus servidores y oprimiendo a tus súbditos. No tengas la mano abierta para recibir y cerrada para dar.

No confíes en tus riquezas, ni digas que con ellas nada te falta.

No digas: pequé y no me sucedió nada. Pués el Señor es lento para castigar.

No confíes en tus riquezas injustas, que de nada te servirán en el día de la angustia.

Y recuerda: hay amigos de ocasión que no son fieles el día de la desgracia. Hay amigos que se vuelven enemigos y que se pondrán hablar de tus líos para avergonzarte.

Hay amigos que comparten tu mesa, que no te serán fieles cuando te vaya mal. Mientras te vaya bien, serán como tu sombra y vendrán a mandar a tus servidores. Pero al verte humillado, se volverán en contra tuya y evitarán tu mirada.

El amigo fiel es refugio seguro, el que lo encontró ha hallado un tesoro, ¿Qué pagarías por tener un amigo fiel? No tiene precio.

El amigo fiel es remedio saludable y los que temen al Señor lo encontrarán.

El que teme al Señor se hace verdaderos amigos, pues como es él, así serán sus amigos.

No hagas el mal y el mal no caerá sobre tí.

 Esta es Palabra de Dios.

¿Qué más puedo yo agregar?”

Y es así estimados lectores, que hemos encontrado estas palabras escritas por mi padre,  Moisés de Jesús Ulloa Duarte en el año de 1992. Hoy hacen eco y nos invita a reflexionar de una Honduras en donde el mal parece ser la norma y ser honrado, el tonto solitario más grande del planeta. Debemos de comenzar a cambiar esa fórmula.

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