Las pizpiretas señoritas de guayabera blanca. Por Mario Daniel Álvarez Carías.

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De la Plataforma de Salud y Educación cada vez se escucha menos, cada día se cree menos, han transcurridos las semanas y la esperanza parece más lejana. Las luchas de gremios o sectores en nuestra sociedad nunca han sido para beneficio de la mayoría de hondureños, pero algunos “románticos” mantienen el ánimo – ¿Acaso es posible juzgarlos? –  y no es para menos, nuestro sistema de salud público colapsa todos años, en 2018 decenas de compatriotas sufrieron con la influenza  A (H1N1) que ingresó al país desde abril y coincidía con la alerta de la OPS/OMS, pero no fue noticia hasta junio en los medios. Este año el dengue renueva sus votos con Honduras, lleva mucho tiempo entre nosotros, el maldito zancudo de pila se ha llevado a muchos inocentes nuevamente, para nuestra desgracia infinita ningún diputado hasta ahora. Ojala la tendencia cambie, ahora si ocupamos los rurales de protagonistas y ¡Por Favor! Señor zancudo, acuérdese de picar también a los burgueses, a los malos.

Mientras escribo estas líneas atropelladas, recuerdo que ya he tenido una sobredosis de conferencias de la Ministra de Salud, miles de comunicados donde se culpa a los hondureños más humildes por la epidemia de dengue, recorridos “periodísticos”  que comprueban la preocupación del Alcalde y patrono de los capitalinos bobos junto con sus cuadrillas cortando maleza, miles de alertas, zipizapes entre la Señora Suyapa Figueroa  y los voceros torpes del gobierno, globos sonda a granel de la prensa tarifada y debates estériles sobre si el “humo blanco” de las bombas fumigadoras es más efectivo que el “humo transparente”, que los centros de salud están utilizando.  Todo un circo, una obra de teatro mala, que nos asaltó con las entradas y además se lleva la vida de los pobres y los jodidos.

Somos como suricatos frente al TV, estamos siempre  alerta buscando esa voz que nos oriente, estudiando a esos líderes y sus movimientos bruscos, pero sobreviene el empacho. Otra vez miramos movimientos que se apagan, que se distorsionan y que se difuminan a favor de la organización criminal que está en el poder. La fórmula es siempre la misma: dividen y les regalan todas las luces, las cámaras y los foros de los medios que ellos también controlan, las entrevistas se alejan siempre del ruedo científico y político; hemos escuchado más sobre las aventuras, viajes, logros académicos y peripecias de las caras más visibles de la Plataforma de Salud y Educación y nos siguen debiendo propuestas, debates y posturas contundentes.

El espacio de resonancia de la fama en Honduras parece muy corto y la notoriedad afecta en demasía a los nuevos ilustres, insignes, egregios o simplemente voces autorizadas. Los apapachos de colegas, amigos, familiares, políticos oportunistas, medios e intelectuales los excluyen del enfoque y de la realidad, atrás quedaron los bríos para cuestionar al dictador de derecha militar y religiosa.  La fama es un poderoso imán, y como hondureños y seres hipersociales siempre buscaremos aplaudir y redimensionar los conocimientos, ideales y habilidades de quienes creemos líderes o famosos. Sin embargo creo, que ahora estamos más atentos a estos hábitos y comportamientos de líderes y famosos de nuestra sociedad, por eso es muy probable que movimientos que alcanzan un estallido popular, si están asociados a personas reñidos con la ética y la moral o gremios que intentan hacer una diferenciación social terminan diluyéndose en el tiempo.

Los humanos nos encuadramos en metas u objetivos, algunos nos confundimos y corremos siempre el riesgo de estancarnos. En Honduras el gremio médico parece siempre ligado a una elite que se siente superior, y es normal que sus miembros nos ataquen hasta en Twittercon preguntas insidiosas como: ¿Y vos estudiaste? ¿Acaso vos pagas impuestos? ¿Qué haces vos por Honduras? ¿Cuántas vidas salvaste? Esto por supuesto los retrata como ignorantes que siguen sin entender que sus logros académicos y la decisión de estudiar una carrera como medicina, es personal. Nada tiene que ver con tener éxito, con el coeficiente intelectual o con sentirse más útil para la sociedad, el “cartón” muchachos solo es una satisfacción personal, es la aventura de lo vivido y lo aprendido, y si son los mejores la dicha de haber encontrado su vocación.

El día que el gremio Médico haga un mea culpasobre el comportamiento de sus agremiados, ese día estarán a la altura para liderar un movimiento social que derroque un dictador, que cambie un país. Entre tanto en los hospitales continúa el trato inhumano de los médicos hacia pacientes, las intervenciones arrabaleras en medios, universidades atiborradas de estudiantes de medicina sin vocación que van por la “recompensa” y la incapacidad absoluta para desenmascarar desde el conocimiento científico el trato inadecuado que el gobierno brinda a crisis y  emergencias como el dengue.  Con una Plataforma de Salud y Educación cada día más opaca y un país enfermo, las pizpiretas señoritas de guayabera blanca llevan su showa Gracias, Lempira.

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