LA DEUDA DE LA CLASE POLÍTICA Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza

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A raíz de de los estiras y encoges que se han producido recientemente con el tema de la conformación del Consejo Nacional Electoral y del Tribunas de Justicia Electoral, órganos propuestos para sustituir el fallido Tribunal Supremo Electoral, responsable de la debacle electoral del 2017, situación que llevó a la nación a casi una guerra civil, que produjo heridos y muertos como resultado de la represión gubernamental de Juan Hernández para asegurar una ilegal e inconstitucional reelección, acompañada por los poderes fácticos en Honduras, es decir, los empresarios, las iglesias, los militares y la Embajada Americana, preocupada más por la posibilidad de un gobierno de Salvador Nasralla bajo el control de Mel Zelaya y de Libre, que de la verdadera voluntad de los hondureños expresada en las urnas, se ha producido en el país, una realidad lejana a la que los ciudadanos aspiran en nuestra deficiente democracia, situación que ha producido un descrédito mayúsculo de la clase política que, una vez más, le ha quedado a deber al pueblo, por satisfacer intereses que no son nacionales sino de personas, caudillos y de grupos que se consideran los dueños del país y de sus decisiones trascendentales.

Existe una creciente deuda política de todos los que participamos de una manera o de otra , en el proceso político nacional, es una suerte de caudillos a ultranza, que no pueden ver más allá de sus narices y de sus propios y oprobiosos intereses, unos han llevado a sus partidos casi a la extinción, por satisfacer caprichos personales, otros, creyéndose más vivos empezaron una suerte de intervención en otros partidos haciéndolos compadres de su histórica corrupción e impunidad, hicieron del gobierno cachureco de 11 años, una suerte de botín de piratas donde todas las figuras relevantes del gobierno están involucradas en una corrupción sin precedentes en Honduras, a tal extremo que, el gobernante logró llevar una nueva generación al poder, la generación suya, pero la creó y el mismo la destruyó al corromper sus propósitos y sus actuaciones gubernamentales, siento lástima por el Partido Nacional y su nueva dirigencia, ninguno de ellos, comenzando por el que se dice Presidente, su hermana, su hermano, sus achichincles, su principal asesor, sacado como as de la manga de la jefatura de una iglesia cristiana, el Presidente del Partido, sus funcionarios, sus diputados, el Presidente del Congreso, sus diputados y hasta una parte de los diputados de otros partidos como el mío, el Partido Liberal de Honduras y los del Partido Libre cayeron en una especie de compromiso diabólico con las peores causas, aquellos que se llaman y se presentan como los dueños y señores de los partidos hicieron un pacto oscuro que creyeron podían esconder del conocimiento popular, grave error cometieron, se les olvidó que. Gracias a Dios , ahora existen las redes sociales y que ya no le pueden dar atol con el dedo a la hondureñidad con los medios oficiales y con los canales, periódicos y medios comprometidos y embarrados en la corrupción del gobierno.

Hay que señalar que la mentira oficial existe ya, desde hace algún tiempo, después de los acontecimientos del 2009 que buscaban también, colocar en el solio presidencial a alguien más allá de su período constitucional, se dieron los comentarios y recomendaciones de la Comisión de la Verdad, donde se señalaron los cambios y las reformas necesarias para fortalecer y blindar nuestra democracia, Pepe Lobo los firmó y despúes no los cumplió, su délfin, Juan Hernández, primero Secretario del Congreso, de manera ilegal pues su pariente era magistrada de la Corte Suprema de Justicia y tenía una inhabilidad legal para serlo, violó la ley y se impuso como tal, luego, preparó el camino de su inconstitucional reelección poniendo en la Corte a sus lacayos, sacados de varios partidos, hecho Presidente, destituyó ilegalmente a los magistrados de la Sala Constitucional cuando vio amenazada su falsa victoria pues el ex alcalde capitalino Ricardo Álvarez le había vencido en las elecciones internas y se produjo el famoso capítulo del voto por voto, Álvarez, de débil carácter cedió ante las presiones partidarias y la oferta de una designación presidencial más el pago del costo de su campaña, error craso, que junto con su fallido proyecto del Trans 450 le garantizará una nueva derrota interna y que le asegura que ni siquiera llegará a las generales, de ahí su desesperada campaña por desmarcarse, aunque tarde, del gobierno de Juan Hernández.

Después de la debacle electoral del 2017, gerenciada a propósito por David Matamoros Batson, Erick Rodríguez y el magistrado de la Democracia Cristiana que ni siquiera tenía diputados en el Congreso, se produjo una nueva insurrección popular, la cual fue reprimida a tal extremo que hubieron heridos y muertos, dio origen a la protesta popular que se ha convertido en una realidad constante en nuestra sociedad y en nuestra vida política que se caracteriza por el caos, la sordera institucional, la protesta pública, su represión, su persecución y la búsqueda de su destrucción como sucedió con la protesta de la Plataforma en Defensa de la Salud y de la Educación, a la que no han podido comprar o acallar totalmente aunque la han debilitado en alguna medida comprando a los dirigentes magisteriales.

Y así llegamos, a las famosas reformas electorales, las cuales fueron discutidas, analizadas y presentadas en el Diálogo Político auspiciado de buena voluntad por las Naciones Unidas, ejercicio que tomó muchos meses y más de 60 reuniones en donde el representante de la ONU, el embajador Igor Garafulic, proveniente de un país democrático, después de una larga y oscura dictadura, estaba más y mejor intencionado en las reformas a veces, que los mismos participantes, yo señalo ese momento como el momento donde de verdad, si había voluntad política se pudieron acordar las reformas reales que el pueblo hondureño exigió en las calles, con heridos y muertos, con ciudadanos presos en las ergástulas penitenciarias, era el momento de demostrar que de verdad queríamos un cambio, qué sucedió?, empezaron a funcionar los acuerdos entre Mel Zelaya, más preocupado por sus subsistencia política que por la democracia y Juan Hernández decidido a permanecer dominante en el espectro político y a continuar vivo antes que se lo lleven las Cortes en los Estados Unidos por sus innumerables actos de corrupción y delitos cometidos contra el Estado Norteamericano, ambos pactaron la muerte del Diálogo Político, su traslado al Congreso donde su Presidente sigue siendo un agente partidario, aunque ya hay diferencias abismales con el Presidente, y su bancada, dominada por la corrupción e imposibilitada de tener voluntad propia.

Nadie puede negar que bajo esa realidad hemos entrado a las reformas electorales que le interesan a los lados oscuros de los tres partidos dominantes en la política vernácula, con el acompañamiento y la comparsa de los partidos de maletín, bisagras de las decisiones del dueño del Ejecutivo a cambio de las migajas del poder, eso nos lleva a la insurrección legislativa de Libre que no es más, que el pleito y el capricho de Mel por poner en los órganos electorales a sus adláteres que le aseguran su subsistencia política porque no tiene la capacidad de volver a ganar una elección abierta y a la contraparte nacionalista, que quiere premiar a Matamoros Batson por su acto mágico, de transformar una derrota electoral irreversible en una victoria salpicada de la peor corrupción en la historia democrática del país.

Así llegamos, estimados lectores a lo que sucederá esté miércoles en la famosa sesión del CN en Gracias, Lempira, en donde el tema era, antes que la sociedad entera y los partidos de oposición, comenzando por el Partido Liberal a través de su Consejo Central Ejecutivo liderado por Luis Zelaya, se revolviera y exigiera otra cosa, seleccionar a los representantes en el CNE, el TJE, ratificar a  los del RNP electos en otra sesión oscura con la participación de diputados comprados de las bancadas liberal y de Libre, sesión en la que han tenido aparentemente que echar marcha atrás porque toda la sociedad hondureña y hasta los representantes de los organismos internacionales han señalado que dicha decisión debe ser transparente, confiable, verificable y en Tegucigalpa donde todos podamos ver quien vota porqué y por quienes para constancia histórica. Los acuerdos entre Mel y Juan se enfriaron porque ambos están empeñados en los nombres, uno quiere a Rixi Moncada y a Eduardo Enrique Reina y los otros quieren a David Matamoros Batson, y el Partido Liberal, desafortunadamente dividido entre los que creemos que hay que dejar el maridaje con el PN que nos ha hecho tanto daño, representados por el CCEPLH y 11 diputados dignos y los otros que se han jugado su futuro político bajo el ala del PN y del popularmente llamado lado oscuro del PL, la historia reflejará con claridad quienes teníamos razón y para ellos, más que seguro, que el voto de castigo es inevitable.

Dichas así las cosas, explicados los problemas, no hay duda que la clase política del país ha quedado a deber a la sociedad hondureña, parece que los políticos no aprendemos de las lecciones del reciente pasado y que seguimos sin entender a nuestros electores, a nuestros ciudadanos y a nuestra sociedad, ¡ que Dios nos ampare!, que nos ilumine y sobre todo a aquellos que deberán más temprano que tarde tomar las decisiones de las reformas electorales cosméticas, que por cierto, no son las que pidió el pueblo hondureño, porque amigo lector, en esas reformas no van ni la segunda vuelta, ni la municipalización de las mesas, ni la separaciónd de las elecciones de diputados, alcaldes y presidente, ni la creación de una Corte Constitucional, ni el mayor fortalecimiento de la Unidad de Política Limpia, ni los requisitos mínimos de existencia de los partidos políticos, ni ninguna de las reformas que de verdad harían un nuevo proceso confiable, lo que hay, lo que nos ofrece nuestra clase política es más de lo mismo, repartición de chambas y dos elefantes blancos más, el CNE y el TJE, ¡ Que Dios nos agarre confesados!.

Catedrático Universitario. Secretario General del Partido Liberal de Honduras.

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