Viviendo en una Dictadura. Por Miguel Canahuati.

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Cuando nos damos cuenta que el sistema democrático de nuestro país ya no tiene la intención ni la fuerza para poder garantizar una libertad de expresión política junto a nuestros derechos civiles, es cuando realizamos que vivimos en una dictadura. Honduras es un país donde la persecución política es utilizada para truncar cualquier avance social y retener a los individuos o grupos que quieran romper este molde.

Ante los ojos del régimen dictatorial, la violencia utilizada para reprimir e intimidar a punta de armas letales y gases lacrimógenos es considerada internamente legal y cuentan con la aprobación del órgano jurídico existente. Los centros educativos son los más afectados por estas emboscadas militares sin motivo alguno. Con el objetivo de reprimir, matar, e intimidar a la población; estos motines se enfocan en la persecución política de individuos que a los que el régimen les da seguimiento y los perfila como “revoltosos y delincuentes”.

La brutalidad policial es uno de los rasgos más distintivos de esta dictadura. Al régimen no le tiembla la mano al momento de jalar del gatillo para acabar con los hijos de Honduras. Varios han sangrado por nuestra patria y aún más han sido capturados y encarcelados injustamente. La desaparición forzada de varios activistas es alarmante; existen pruebas legítimas de cada una de las barbaries cometidas por los represores y aun así la justicia es cegada por la corrupción e impunidad.

Una peculiaridad de esta dictadura es que avala sus acciones y visiones en la religión. Varios líderes religiosos han sido encontrados como colaboradores del régimen. A cambio de beneficios, poder y una buena comisión; dan su bendición a estos criminales y sus objetivos viles para que estos corruptos puedan tener una conciencia “tranquila”. Jugar con la fe del pueblo les ha resultado como un arma muy eficaz para desensibilizar un buen segmento de la sociedad. Esta es una de las razones principales por las cuales no se debe mezclar política y religión.

El monopolio político que controla el régimen le garantiza un gran nivel de influencia. La ciencia política mide a través de un enfoque minimalista la capacidad de garantizar unas elecciones competitivas y transparentes. Actualmente no existe la posibilidad de unas elecciones legítimas sin que sean alteradas por traidores a la patria. Debido a la desestructuración de varios partidos políticos junto al control sobre el Tribunal Supremo Electoral; existe una superioridad avalada de manera ilegítima en favor del régimen.

La unidad como hondureños es esencial para poder sobrellevar este desgobierno. Respetar las diferencias junto a las ideologías foráneas es crucial para mantenernos unidos. Esto nos traerá un desarrollo social y político que nos hará progresar como nación. La unión como pueblo es nuestra forma de contraatacar al régimen. Los frecuentes despliegues militares indican que esta dictadura está desesperada por retomar el control. El régimen teme a que el pueblo se levante, ya que somos más los que amamos nuestra patria en comparación a los que la traicionan.

Si logramos potenciar la unión del pueblo con el propósito de crear un grupo externo a la cúpula de traidores, la balanza se pondría de nuestro lado. No sería la primera dictadura que fuese derrocada debido al colosal poder del pueblo. Como país debemos razonar para desprendernos de la esclavitud social y rescatar nuestra libertad. Para dar el primer paso, tenemos que fortalecer nuestra unión y velar por la integridad de Honduras.

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