¿Gestión por resultados? Por Juan Miguel Pérez.

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Las palabras glamurosas son psicológicamente estratégicas, se ponen de moda con facilidad por el simple hecho de sonar interesantes aun sin que se tenga claridad sobre lo que realmente significan o implican en términos prácticos. Desde tiempos pasados hasta los actuales, las palabras innovación, transformación, gestión por resultados, revolución, reforma agraria, calidad, tecnologías de información y comunicación, resiliencia, inclusión, entre otras, han adornado el vocabulario de académicos, periodistas, políticos, y muchos otros actores de la sociedad, para propósitos individuales o para tratar de convencer u orientar las masas hacia objetivos comunes.

En el caso de la gestión por resultados que también se conoce como administración por objetivos o dirección por objetivos, el origen de su uso más frecuente se remonta a los años cincuenta con la publicación del libro “La Práctica de la Administración” escrito por el austriaco-estadounidense, profesor y mayor filósofo de la administración Peter Ferdinand Drucker. El significado práctico de la gestión por resultados es el establecimiento de metas de manera participativa para orientar la ejecución de acciones, medir el desempeño y tomar decisiones que permitan mejorar la situación de partida. Es en esencia un método de gestión para planificar, organizar, dirigir, controlar, evaluar y corregir tanto las acciones como los actores.

En Honduras se ha mencionado la gestión por resultados en muchas ocasiones, más nunca como en los años 2013 a 2015, al punto que se creó un Sistema Presidencial de Gestión por Resultados (SPGR) que está certificado con normas ISO 9001 e ISO/IEC 20000-1, como herramienta de la Dirección Presidencial de Monitoreo y Evaluación adscrita a la Secretaría de Coordinación General de Gobierno. Lastimosamente la situación por la que transita Honduras actualmente nos demuestra sin lugar a objeción que la gestión por resultados se quedó solamente en palabras, porque como todos podemos oler, sentir, ver, leer y analizar, en términos generales la gestión desde el año 2014 ha provocado más pobreza, desigualdad, fraude, migración, corrupción, cinismo, malestar generalizado, represión, odio, muertes, manipulación, impunidad, y un futuro incierto que agudiza el deterioro de la sociedad.

Si el Sistema Presidencial de Gestión por Resultados funcionara como corresponde y se aplicaran los correctivos como se prometió, muchos ministros y mandos intermedios deberían estar fuera de las estructuras de gobierno. Es más, el presidente mismo tendría que deponer su posición en función del mal desempeño del país y la degradación de la sociedad. A muchos nos gustaría saber cómo es posible que un presupuesto nacional y una deuda pública, que crecen considerablemente cada año, no pueden generar mejores condiciones en salud, en educación, en producción, en exportaciones, en democracia, en transparencia, en bienestar. Esa rendición de cuentas debe ser algo elemental en una nación con cierta lógica de democracia y transparencia, y tendría que ser la base para aplicar correctivos en todos los niveles.

No sirve de nada tener un sistema de gestión por resultados “certificado” si el mismo no tiene aplicabilidad en la ejecución práctica y confiable de correctivos que permitan ajustar la ruta de avance para llegar a las metas planteadas. Si se compara con las experiencias recientes, la promesa de la gestión por resultados y el Sistema Presidencial de Gestión por Resultados es un homólogo de la promesa de procesos electorales limpios y el sistema de procesamiento de datos del Tribunal Supremo Electoral; gasto de recursos en iniciativas manipuladas que son instrumentos de beneficios particulares en detrimento de la transparencia, la democracia y la gobernabilidad.

Todos los hondureños estamos aprendiendo mucho de la situación sumamente complicada y preocupante por la que pasa nuestro país. Es un deber reconocer que las palabras tienen valor cuando generan condiciones prácticas de beneficio colectivo, de lo contrario, solo seguirán siendo palabras utilizadas por oportunistas que más que compromiso por el crecimiento y desarrollo del país, buscan solamente el beneficio particular que tanto ha afectado a Honduras. Vale la pena retomar más adelante la gestión por resultados como una herramienta que ciertamente puede contribuir a la mejora continua, de manera que no quede en palabras glamurosas usadas a conveniencia por el cinismo descomunal de los políticos de turno.

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