HONDURAS– El 13 de octubre, un grupo de entre 300 y 400 personas partió de la estación de San Pedro Sula, en el norte de Honduras, rumbo a Estados Unidos. Cuando llegaron a México eran ya 7.000. Animadas por la seguridad que les brindaba viajar en grupo, muchas mujeres se atrevieron a dar el paso junto a sus hijos e hijas. Convertidas en cabezas de familia a la fuerza, la situación de pobreza se les hacía insostenible. En otros casos, demasiados, vieron la caravana como la única salida a la violencia que vivían al interior de sus hogares. “Yo, la violencia la tenía en casa”, reconoce María, quien soportó golpes e insultos durante más de veinte años.

Muchas mujeres se unieron a la caravana animadas por la protección del grupo

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“En los años 90 hacíamos campañas orientando a las mujeres sobre cómo denunciar, ahora es irresponsable decirles que vayan a denunciar porque, lastimosamente, eso las coloca en un mayor riesgo. La denuncia no supone ninguna protección para ellas”, explica Carolina Sierra, del Foro de Mujeres por la Vida. En el primer semestre del año, en Honduras han muerto 224 mujeres de forma violenta. Los titulares de la prensa hablan de crímenes pasionales o, simplemente, engloban estas muertes en los tantos casos de homicidios que ocurren en el país. Pero Carolina lo tiene claro: “Son feminicidios”, una figura que empezó a emplearse apenas hace apenas tres años y que el sistema judicial todavía no he terminado de asimilar.

Un dato: entre de 2015 y mayo de 2018, un total de 33 casos ingresaron en los tribunales como feminicidios y se dio resolución a 12 de ellos. El resultado fue de diez sentencias condenatorias y dos absolutorias. En ese mismo periodo, en cambio, el Observatorio del Foro de Mujeres por la Vida registró un total de 1.569 casos de femicidios.

VIOLENCIA COTIDIANAViolencia de género, violencia sexual, violencia de Estado. Las mujeres hondureñas están expuestas a una violencia que se ha convertido en cotidiana. “Hemos evidenciado también que las mujeres jóvenes están siendo utilizadas para la distribución de la droga en las zonas urbanas del norte de Honduras, como Choloma o San Pedro Sula. Son obligadas a ello a través de su sexualidad”, explica Andrea Paz, también del Foro de Mujeres. “Choloma ha pasado a ser uno de los municipios más violentos de la zona norte;allí, este año se han dado 18 casos de mujeres menores de 24 años que fueron raptadas por patrones que estaban involucrados con las maras. Estas mujeres finalmente murieron”, continúa.

“Muchas mujeres tienen que desplazarse de sus comunidades porque sus hijas están en riesgo, porque algún miembro de los grupos que conviven en esa zona y que controlan esos territorios quiere tener algo con su niña, puede ser un miembro de la mara, del crimen organizado o de la policía. En el caso de los niños, estos son usados como banderines (para mover la droga). Salir de estos lugares es salvar la vida”, explica Carolina Sierra. “Es muy común ver banderines en estos barrios de San Pedro Sula. Esto es una escuela del sicariato, poco a poco les obligan a hacer cosas amenazándoles que si no las hacen van a matar a toda su familia, hasta que, finalmente, están totalmente involucrados en la mara”, apunta Andrea Paz, también de Foro de Mujeres por la Vida.

Y a todas estas situaciones, generalmente, tienen que hacer frente las mujeres, porque, en muchos casos, la figura paterna no existe. Así se evidenciaba también en la caravana migrante rumbo a México. Carolina Sierra asegura que “el mayor porcentaje de madres en nuestro país son madres solteras, los hombres no responden en materia de alimentos o responsabilidades sobre sus hijos, y tampoco el Estado tiene los mecanismos para hacer que respondan. La mayoría de la carga, generalmente, queda en las mujeres”.

Ante esta situación, estas mujeres tienen que buscarse la vida en un país “donde los derechos humanos están precarizados”. “Hay incluso violaciones en los centros de trabajo, por ejemplo en las maquilas”, advierte.

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