GALA por Rafael Jerez Moreno

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Emprendí el viaje lleno de muchas expectativas académicas, la razón por sobre el corazón, pero la vida da muchas vueltas…

Crucé el puente Carlos en lo que dejó la controvertida Checoslovaquia, se plasmó en mi rostro la brisa de Santander y volvió a mi alma el cariño que dejé hace años al pisar tierras Madrileñas. Éramos un buen grupo, amigos y amigas todos, pensando en crecer personalmente, tomándonos vacaciones del tradicional «yo» en nuestras tierras natales. La conocí el primer día, sin saber cuanto llegaría a quererla, comenzamos una bonita amistad, sin predecir lo que en pocas semanas se desarrollaría…

Compartí con ella varias semanas en la Residencia de Estudiantes, vivimos el ajetreo de la Gran Vía, caminamos juntos en el Valle del Nansa, tuvimos la postal única al terminar el Camino de Santiago, nos perdimos en calle Serrano buscando la Castellana, volamos hacia el más allá en la playa de Ipanema, disfrutamos la noche en Copacabana, contemplamos la vista desde el Corcovado, imagínense todo eso mientras apreciaba su presencia, su rostro y su dulzura.

No hay nada como conocer a una persona, en sus altos y en sus bajos, pero conocerla de verdad…no puedo explicarles cómo fue, pues lo indescriptible tiene mayor valor cuando entre dos se comprende y se vive.

Pequeños detalles son los que llenan de riqueza nuestra vida, y es que finalmente sentarme en el autobús de regreso al hotel no era tan cansado, cuando al girar mi vista, a mi lado se encontraba Gala.

La vida nos volverá a juntar, con mucha fe así lo creo. Te vi reír, crecer, y debatir con mucha seguridad, superar tus miedos y reafirmar tus sueños. Te llevo conmigo Gala, por eso te quiero, y siempre te querré.