Opinión: La Caravana Del Silencio de Rafael Jerez Moreno

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No, no era una concentración política, de aquellas que los medios de comunicación acostumbran a transmitir a cambio del respectivo pago. Un punto de reunión, un grupo de personas, un país como destino, un sueño americano; pero, cientos de historias reunidas, metas por cumplir y calidad de vida por alcanzar.

Por un lado, el presidente de los Estados Unidos se mofa de nuestras autoridades en redes sociales ordenando actuaciones inmediatas a través de twitter, constatando su condición de ¨mejor aliado¨ del pueblo hondureño, amenazando con cortar el auxilio económico (que ellos mismos cuestionan si es objeto de corrupción); en la otra esquina tenemos al gobierno hondureño, temeroso ante este nuevo fenómeno que amenaza la frágil estabilidad de su supervivencia política, promoviendo –con el cuestionado comediante guatemalteco – un supuesto ¨#retornoseguro¨…así de seguro como fue la partida; luego, tenemos a ciertos sector de la oposición política hondureña, jalando agua para su molino, aprovechando la coyuntura para fortalecer su imagen, y es entendible, primero se sientan y pactan entre ellos, luego les denuncian de tiranos, ¨esto es política…¨; seguidamente, está la sociedad hondureña, fragmentada como de costumbre, entre corresponsables y víctimas se sobrevive diariamente, el carácter pasajero de las noticias es Ley, así lo dice la costumbre…

Según el Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (FOSDEH), diariamente abandonan el territorio nacional entre 200 y 250 personas, es decir, aproximadamente 73,000 personas habrían tomado tal decisión anualmente, a los que no solo el gobierno ha defraudado, sino que nosotros – el resto de sociedad civil – también. En uno de los mensajes que coloqué en redes sociales, manifestando la corresponsabilidad que como ciudadanos tenemos de la situación generalizada de crisis que estamos viviendo, recibí un par de mensajes cuestionando tal calificación, y es ahí cuando me pregunto, ¿qué somos en relación con la sociedad? ¿meros espectadores y supuestos beneficiarios? Debemos evaluar ese rol, porque es hasta que nos sentimos afectados – y nos encontramos con la acostumbrada ausencia de respuesta pública – es que buscamos ayuda en el otro, que quizás está sufriendo los mismos flagelos que nosotros, pero que aún así esperamos a que muestre proclividad a ayudarnos.

Pensamos en el futuro (algunos en partir del país y no volver), nos quejamos (a nuestra manera) de los abusos, de los aumentos a los impuestos, de la corrupción, del populismo y de los delitos, pero debemos preguntarnos ¿qué hacemos al respecto? No tengo una respuesta absoluta, mucho menos la solución de todos los problemas que sufrimos, sin embargo, pienso firmemente que si no tiramos hacia un mismo objetivo, seguiremos utilizando las redes sociales como canal de aglomeración de frustraciones…seguiremos viviendo en la caravana del silencio, en la que nos movemos de un lado a otro resignados y aguantando, mientras nos preparamos lo suficiente para irnos y dejar el problema en manos de otros, para que el ciclo se repita de generación en generación.

Es tan pequeño el mundo, que es posible que nos encontremos con los hondureños que se van en la otra caravana, la del camino duro en ¨la bestia¨, nos alegraremos ante la sorpresa de saber que ambos venimos de Honduras, nos preguntaremos de qué ciudad provenimos, desde hace cuanto no regresamos y nos despediremos para continuar con nuestras vidas…

¿Unámonos? Eso si depende de nosotros.